martes, 30 de septiembre de 2008
lunes, 29 de septiembre de 2008
domingo, 28 de septiembre de 2008
Darío Jaramillo
Veo fuentes de luz que se desplazan,
estrellas resplandecientes que caminan,
apariciones que no ven a nadie
y cuando me miran me dejan hechizado.
Se desintegran los rasgos que percibo,
el contorno preciso de una boca,
la forma de unas cejas,
un suéter azul y un mechón rubio:
las apariciones son tonos, ademanes,
cortes del tiempo en un instante único.
Floto y deliro: ocurren incendios a mi lado
y en mi memoria van quedando zonas calcinadas,
dátiles de los lugares secos.
En ciertas mañanas de espera
hago la lista de mis muertos.
Ellos me hacen gestos,
ellos me dicen que también me esperan
y se toman la confianza de pasearse por mi alcoba,
buscan entre mi música las canciones que fueron nuestras,
desvarían ruidosos y hacen guiños
y se burlan de que esté tan viejo. Mis jóvenes muertos.
y te apareces tú,
que agonizas en el débil rencor de mis entrañas nunca tuyas,
desde lejos vienes a mi corazón
y el mundo se ladea como un balancín
y la fuerza de gravedad traza una línea contra el suelo.
Cierro los ojos
y se convierten en líquido los colores de la casa:
no hay un presente aquí,
sólo fantasmas y visiones,
atisbos de un horizonte de fuego:
el salto de una pantera negra,
el lamido de un perro que tendré y todavía no nace,
el ocioso paisaje de unos árboles cuando despierto a mediodía
lejos del horroroso mar.
Desde mi cama viajo a sentir abrazos
y camino
y encuentro lugares nuevos que reconozco en otro pasado que viví,
que adivino en un día que será,
entre silencios y resplandores alucino,
alucino y espero.
viernes, 26 de septiembre de 2008
Cristina Peri Rossi
DISTANCIA JUSTA
En el amor, y en el boxeo
todo es cuestión de distancia
Si te acercas demasiado me excito
me asusto
me obnubilo digo tonterías
me echo a temblar
pero si estás lejos
sufro entristezco
me desvelo
y escribo poemas.
miércoles, 24 de septiembre de 2008
Olga Orozco
UN ROSTRO EN EL OTOÑO
La mujer del otoño llegaba a mi ventana
sumergiendo su rostro entre las vides,
reclinando sus hombros, sus vegetales hombros, en las nieblas,
buscando inútilmente su pecho resignado a nacer y morir entre dos sueños.
Desde un lejano cielo la aguardaban las lluvias,
aquellas que golpeaban duramente su dulce piel labrada por el duelo de una vieja estación,
sus ojos que nacían desde el llanto
o su pálida boca perdida para siempre, como en una plegaria que inconmovibles dioses acallaran.
Luego estaban los vientos adormeciendo el mundo entre sus manos,
repitiendo en sus mustios cabellos enlazados
la inacabable endecha de las hojas que caen;
y allá, bajo las frías coronas del invierno,
el cálido refugio de la tierra para su soledad, semejante a un presagio,
retornada a su estela como un ala.
Oh, vosotros, los inclementes ángeles del tiempo,
los que habitáis aún la lejanía
-ese olvido demasiado rebelde-;
vosotros, que lleváis a la sombra,
a sus marchitos ídolos, eternos todavía,
mi corazón hostil, abandonado:
no me podréis quitar esta pequeña vida entre dos sueños,
este cuerpo de lianas y de hojas que cae blandamente,
que se muere hacia adentro, como mueren las hierbas.
domingo, 21 de septiembre de 2008
viernes, 19 de septiembre de 2008
jueves, 18 de septiembre de 2008
miércoles, 17 de septiembre de 2008
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